¡De vuelta!

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¡Hola de nuevo a tod@s! después de varios meses sin dar señales de vida aquí me tenéis de nuevo con muchos cambios y cosas que contar. En todo este tiempo de silencio he tenido un bebé y he cambiado la clínica de local (reforma incluída) y aunque cada uno por sí sólo ya era como para tirarse de los pelos, la combinación bebé llorón y obreros “hagoloquemedalaganasinconsultarte” ha sido explosiva. Pese a todo no he muerto en el intento y hoy puedo sacar un rato libre entre biberones y consultas para retomar el blog de kynós que prometo intentar actualizar lo más regularmente posible.

¿Os acordáis de mis “temores” de madre primeriza y veterinaria “añeja” respecto al recibimiento del bebé por parte de mi perra Bruma? Pues bien, hoy a parte de daros la bienvenida de nuevo quiero contaros cómo me fué y si superé con éxito la prueba tan exigente que resulta ser madre, veterinaria y dueña al mismo tiempo.

Una de las cosas que más me agobiaba del parto era con quién dejar a mi perra esas horas (a veces interminables) en las que te pones de parto, te entra el “cangue”, no sabes si vas al hospital y vuelves o te quedas allí…te dará tiempo a organizar todo…¡en fin! llamadme ñoña pero yo sólo pensar que mi perra se quedaba sola en medio de la noche sin saber si volvemos o no, me horrorizaba. Os recomiendo tener previsto este tema y varias soluciones posibles. Hay gente que decide llevar a su perro a una residencia canina mientras están en el hospital, otros los dejan en casa de un familiar o amigo…nosotros tuvimos la suerte de que una amiga se encargase de los paseos diarios de Bruma el primer día que fué el  más liado. Después nos organizamos para que entre toda la familia que vino a vernos se fueran turnando.

Estuve hospitalizada 4 días y la verdad es que echaba mucho de menos a mi perra. ¡Mi novio me la trajo al hospital! Evidentemente no pudo entrar pero la veía a través de la ventana de mi habitación y las dos tan contentas. Durante esos días le llevaron pañales y ropa usada del bebé para que se fuera familiarizando con los olores. Cuando recibí el alta hospitalaria y llegamos a casa (abuelos incluídos…grrr) intentamos hacer todo el protocolo de presentación de la forma más calmada y tranquila posible. Tened en cuenta que en esta situación los perros suelen estar locos de alegría por ver de nuevo a su “manada” al completo así que no debéis alterarles más ya que pueden tirar o hacer daño al bebé. Nosotros dejamos el capazo del bebé en una mesa baja del salón para que pudiera olfatearlo cuidadosamente sin peligro. Supervisamos la situación en todo momento para que no hubiera ningún percance. Bruma después de olisquear al niño y darle unos cuantos lametones por la cabeza se fué a su cunita como diciendo….¡ya lo conozco! A partir de ahí todo fue bien, la perra se acopló al niño y a la nueva situación. Es verdad que hemos intentado no dejarla de lado y respetar su tiempo y sus paseos (aunque a veces fuera practicamente imposible cuadrar los horarios del niño y de la perra). Ahora que el bebé tiene 9 meses e interactúa más con ella tenemos que andar con más cuidado si cabe ya que siempre se lleva un tirón de las barbas o de las orejas porque….¡es más fácil educar a la perra que al niño!

Aunque a veces pienso que me he metido en un buen lío…en el fondo estoy orgullosa de haber superado el reto con más o menos nota. Que tal vez mi niño no vaya con el carrito lleno de lazos almidonados y tenga las ruedas llenas de barro por pasear con la perra por el campo, pero oigan esta es mi familia y da gusto verla.

Y vosotras, madres todoterreno… ¿cómo fué vuestra vuelta a casa? ¿Aceptaron vuestras mascotas al nuevo “inquilino”?

¡Seguro que sí!

 

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