El príncipe destronado (parte I)

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Cuando mis clientas embarazadas me preguntaban acerca de cómo debería ser su comportamiento y el de su perro cuando llegara el bebé a casa….¡a mí me entraban los mil males! Pensaba: otra que se quiere deshacer del perro o lo que es peor, ignorarlo como si fuera un mueble. Armada de paciencia les contaba toda la retahíla de consejos y les insistía mucho en algo básico: el perro debe seguir ocupando su lugar en la familia y debemos seguir dedicándole tiempo y atenciones.

Pues bien, embarazada de 9 meses y a punto de dar a luz a mi primer retoño, no sé si serán las hormonas o la presión familiar con sus insistentes: ¿qué vas a hacer con la perra cuando llegue el niño? ¿Pero va a entrar en su habitación? ¿No deberías llevarla a algún sitio mientras el bebé es tan pequeño? ¡A ver si le hace algo!…me entran las dudas. No acerca de mi perra Bruma y su buen carácter, sino acerca de mí. ¿Cometeré los mismos errores que corrijo a mis clientes? Para evitarlo he pedido consejo a mi amiga y compañera Lorena de etocanes, para ser una madre y dueña a la altura de las circunstancias.

Aquí os resumo los puntos clave de cómo debemos introducir a un bebé en la familia con perro:

  • Lo primero. Es muy importante,  que tu perro no se quede solo con el bebé/ niño bajo ninguna circunstancia hasta que el niño no sea lo suficientemente mayor como para comportarse adecuadamente con el perro. Esto protegerá tanto al  niño como al perro.
  •  Cambio de rutina. La llegada del bebé va a modificar los horarios de tu perro (paseos, comidas, juegos, etc); lo ideal es que dichos cambios no ocurran coincidiendo con la llegada del niño. Para ello, es necesario ir acostumbrándolo progresivamente a la futura rutina, la que pienses que puedes mantener una vez esté el bebé en casa.
  •  Vuestro momento. De igual manera, las interacciones lúdicas y cariñosas con vuestro perro van a verse irremediablemente reducidas. Es normal, es un cambio de vida para todos. Pero no por ello, vuestro perro debe sentirse desplazado. Se recomienda incluir en el nuevo horario, por lo menos 10 minutos de atención para el perro. Llévalo a cabo todos los días más o menos a la misma hora y asegúrate de mantenerlo una vez haya llegado el bebé. No te sientas culpable por dedicar menos tiempo a tu perro, es la realidad del momento y si lo preparas poco a poco, se acostumbrará sin problema. Piensa que 10 minutos de atención concentrada y de calidad, refuerza los vínculos y hace que  tu perro se sienta  importante. Procura no romper este tiempo de dedicación al perro, incluso si el bebé llora, para que no lo asocie con el fin de un momento agradable para él.
  •  ¡Tu perro a examen! Es importante plantearnos en este momento si nuestro perro tiene un buen nivel de adiestramiento básico, que nos permita mantenerle bajo control. Es necesario que acuda a la llamada, camine sin tirar de la correa, pueda permanecer quieto un ratito si se lo ordena, etc. Si junto al estrés de criar a un recién nacido tienes que estar pendiente de que tu perro no la lie cada vez que dais un paseo por el parque (carrito incluido)… es muy probable que al final acabe quedándose en casa muchas más veces de las debidas. Consecuencia: un perro que se siente desplazado por el bebé, que recibe menos ejercicio del que debería y que pasa más tiempo solo en casa. Por todo ello, el perro se comportará peor porque estará más aburrido, más lleno de energía y recibirá menos atención que antes. Se pondrá más “pesado” justo en el momento en el que necesita que se comporte mejor.
  •  Reconocimiento del terreno. Permite a tu perro entrar en la futura habitación del bebé, dale la oportunidad de que olfatee y explore el carrito y demás objetos, de lo contrario los olores nuevos le atraerán y debe acostumbrarse a ellos lo más rápido posible. Compra las lociones, el talco, los pañales… y deja al perro olerlas, antes de traer el bebé a casa. Si tu perro intenta coger algo del bebé, debes corregirle con un  “MAL” y haz que te lo traiga y te lo dé. No dejes a tu perro subirse o tumbarse en ningún mueble del niño, cama, mantita para el bebé, etc. Corregir las conductas no deseadas ahora evitará problemas cuando el bebé esté delante.
  •  Los juguetes. Enséñale a respetar los juguetes del niño y a no cogerlos aunque estén por el suelo. Si tu perro tiene juguetes de peluche o de goma, que sean parecidos a los del bebé, piensa que no va a saber distinguir entre ellos. Si los lavas después de que los haya usado el perro, no plantearán problemas para la salud del niño. No obstante, en cuanto el niño crezca un poco puede que comiencen a pelearse por los muñecos. Para evitarlo, acostumbra al perro a nuevos juguetes que no se parezcan en nada a los del bebé, y enséñale a soltarlos a la orden. En el futuro, deberás enseñar a tu hijo/a a respetar al perro cuando tiene algo en la boca y a pedir ayuda a un adulto si quiere quitarle algún juguete de la boca.
  •   Las presentaciones. Cuando nazca el niño, haz que la persona que se quede cuidando al perro le lleve ropa del bebé usada. Esto enseñará a tu perro los nuevos olores a los que se va a tener que acostumbrar. Deja al perro olerlas, tranquila y concienzudamente. Pero NO le dejes cogerlas con la boca ni mordisquearlas.En el reencuentro, el perro querrá saludar a todo el mundo, especialmente a la madre que ha estado fuera de casa unos días; si tu perro salta o es muy nervioso, salúdale en una habitación distinta a la del bebé. Una vez que el perro esté calmado, y todo haya vuelto a la normalidad, puedes hacer las presentaciones. Con el bebé en el regazo y cómodamente sentados en un sofá, permite al perro olisquearlo, acercarse e investigar. Una persona debe estar supervisando al perro, para que pueda sujetarlo o apartarlo si su conducta no es adecuada o está demasiado nervioso. Si tu perro se muestra tímido o reacciona con miedo ante el bebé, NO le obligues, ni le acerques él. Necesita tiempo, premia los acercamientos hacia el bebé y poco a poco  irá perdiendo el miedo. Puedes dejar a tu perro lamer al niño, pero sólo si lo hace con cuidado. Si es brusco, dígale que “no” y llévate al perro a otra habitación. Si tu perro gruñe al niño, ríñele y llévalo a otra habitación. Nunca le digas al perro “está bien, calma” o cualquier palabra de aliento mientras se está mostrando agresivo. El perro lo que entiende es que le premiamos por ese comportamiento, que es lo contrario que queremos. En el caso de se produzca esta situación, debes buscar ayuda de un especialista en comportamiento.

Recomendaciones

  1. Utiliza las barreras protectoras para niños, para delimitar el acceso al perro a determinadas zonas. Ten en cuenta que tu perro aprovechará cualquier descuido para acercarse al bebé a investigar sin tu supervisión, y cuando se tiene un niño esto ocurre varias veces al día sin nosotros darnos cuenta: suena el teléfono, llaman a la puerta, estamos preparando un biberón por la noche… estos periodos cortos de tiempo libre son los que puede aprovechar el perro para hacer una trastada. Dichas barreras permiten al perro visualizar lo que ocurre y permanecer junto a la familia. Encerrarlo en una habitación, terraza o jardín si antes tenía acceso libre a toda la casa puede generarle ansiedad y  ser la causa de mal comportamiento.
  2.  Para una correcta relación niño-perro, hay que educar al niño en interacciones seguras hacia el perro. Nunca dejes al bebé/niño jugar con el perro sin supervisión. Supervisar y evitar las manipulaciones inapropiadas como tirar de las orejas, dedos en los ojos, agarrar patas o cola del perro, tirar del pelo. Educa a tu hijo a tratar al perro: enséñale a acariciarlo, y a mostrarse cariñoso. Debe respetar al perro cuando duerme, come, tiene juguetes o huesos en la boca. Ten mucho cuidado con perros viejos, con artrosis, otitis u otros dolores crónicos que pueden reaccionar con miedo o dolor al contacto.
  3. Ten en cuenta que las agresiones por depredación (que tu perro confunda a tu hijo con una presa a la que puede cazar) son más frecuentes cuando los niños son muy pequeños (desde los primeros meses hasta el año o dos años de edad). Preocúpate si ves a tu perro mirar a tu hijo fijamente, muy quieto, y se le acerca en silencio o despacio, a modo de cualquier perro cazador. Cógelo y llévatelo rápidamente a otra habitación. Acude a un profesional, para que te ayude a controlar dicha conducta.
  4.  Con calma, paciencia y normalidad, el perro aprenderá como debe actuar con el niño; pero igual de importante es enseñar al niño como actuar con el perro. Así evitarás situaciones desagradables y conseguirás una relación positiva y gratificante entre su hijo y su perro.

Espero que todos estos consejos os hayan resultado tan útiles como a mí. Y ante cualquier duda o conducta no deseada de vuestra mascota, no dudeis en poneros en contacto con un veterinario especialista: ¡es quién mejor os puede ayudar!

En el siguiente  post os daré las claves para introducir un bebé en una familia con gatos; porque….¡¡los gatos nos son perros pequeños!!

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